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“Berlín está totalmente controlada por Moscú”: el gasoducto entre Rusia y Alemania que irrita a Donald Trump y causa divisiones en Europa

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Merkel y TrumpDerechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Merkel y Trump coincidieron en la cumbre de la OTAN que se celebra en Bélgica.

Un coste de US$11.000 millones, una longitud de más 1.200 kilómetros desde las costa rusas hasta Alemania y el trasporte unos 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año.

Es el Nord Stream 2, el megaproyecto que promueven los gobiernos de Moscú y Berlín para construir la segunda rama de un gasoducto entre los dos países, pero que ahora tensa las relaciones del gobierno de Angela Merkel con Estados Unidos y con algunos miembros de la Unión Europea (UE).

Ya algunas naciones del bloque habían manifestado sus reticencias sobre las futuras obras y este miércoles Donald Trump se unió a las críticas.

Durante su discurso en la cumbre de la OTAN que tiene lugar en Bruselas, el presidente estadounidense aseguró que Alemania está “totalmente controlada” y “cautiva” del Kremlin ya que, según el mandatario, “entre el 60 y el 70% de la energía” que necesitará el país europeo procederá de Moscú.

“Tenemos que hablar sobre los miles y miles de millones de dólares que se le están pagando al país del que se supone que debemos protegernos”, aseguró el mandatario.

La canciller alemana, Angela Merkel, quien creció en Alemania del Este, desestimó poco después la acusación y respondió que ya había experimentado lo que era vivir bajo el control de la Unión Soviética y que estaba feliz de la libertad que hoy vivía su país.

Aunque Alemania es actualmente el mayor mercado de exportación de gas de Rusia, solo el 20% de la energía que se produce en la nación europea proviene de esa materia prima, según datos de la consultora Marex Spectron.

Pero el nuevo gasoducto no solo está en la mira del gobierno de Estados Unidos.

Su construcción fue bloqueada temporalmente por la UE, tras una oposición casi en bloque de países de Europa del Este, encabezados por Polonia y Ucrania, que aseguran que el proyecto representa una amenaza para la seguridad regional.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Trump cuestionó a Merkel por el proyecto del gasoducto.

Alemania, por su parte, considera que aumentará la seguridad energética de Europa, mientras Moscú alega que quienes se oponen a Nord Stream 2 solo están preocupados por sus propios beneficios económicos.

Pero ¿por qué causa tanta polémica la nueva fase de este gigantesco gasoducto que atravesará los mares de cinco países?

El gasoducto

En términos prácticos, el nuevo gasoducto seguirá una ruta similar a la primera fase del Nord Stream, aunque esta vez partirá de la Bahía de Narva, en Leningrado, hasta la ciudad de Greifswald, en Alemania.

Y, de acuerdo con el proyecto, aumentará el volumen de exportaciones de Rusia hacia costas bávaras en más del doble de la cantidad actual, para un total de1.000 millones de metros cúbicos de gas por año.

Fred Beach, director adjunto de Política Energética y Tecnología del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.) explica a BBC Mundo a Alemania le interesa la construcción del gasoducto su rentabilidad y la creciente demanda energética del país europeo.

“Como Alemania prevé renunciar a la energía nuclear para 2022, se está volviendo cada vez más dependiente del gas natural y de ahí que el gasoducto se convierta en una opción económicamente viable”, comenta.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption La primera fase del Nord Stream 1 fue inaugurada en 2011.

No obstante, el trasfondo de la idea por la parte alemana estuvo en cuestionamientos desde sus inicios: el artífice en 2005 fue un amigo de Putin, el excanciller Gerhard Schröder, quien aprobó el proyecto como uno de los últimos actos de su mandato.

Desde entonces, él mismo lo supervisa como líder del comité de accionistas de Nord Stream AG.

Sin embargo, más allá de esto, Beach señala que la idea de construir un gasoducto de este tipo constituye en sí misma una de las formas más eficientes y seguras de mover el gas entre un país y otro.

“El gasoducto reduce considerablemente el costo de la importación con respecto a lo que implicaría trasladar por barco ese gas”, explica.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El gasoducto reduce los costos de la importación de gas, pero tiene sus riesgos.

Pero a la vez, señala que esta conexión física por tuberías entre dos países puede resultar un riesgo potencial.

“Como el Nord Stream 1 prueba, el gasoducto es un mecanismo efectivo que reduce el costo, es una forma eficiente de trasladar el gas, pero al mismo tiempo, te conecta físicamente con un único proveedor de un único país y eso constituye una posibilidad de dependencia enorme”, indica.

De acuerdo con el experto, uno de los inconvenientes de estas estructuras es que solo pueden construirse desde un punto de origen a un uno destino, lo que implica un convenio a largo plazo y contratos poco flexibles.

“Y es ahí donde aparece uno de los puntos más agudos del debate: Rusia se haría más fuerte y para muchos no es un suministrador confiable, porque puede tener dobles intenciones más allá de un mayor control del mercado energético europeo”, agrega.

¿Dobles intenciones?

De hecho, uno de los argumentos de quienes se oponen al Nord Stream 2 es el supuesto trasfondo detrás de la iniciativa rusa de expandir sus exportaciones de gas a Europa.

“Este no es un proyecto comercial, no es económico ni rentable, es absolutamente un proyecto político“, aseguró esta semana el presidente ucraniano Petro Poroshenko, uno de sus principales oponentes.

Y es que una de las tuberías por las que se envía actualmente gas a Europa desde Rusia atraviesa Ucrania, por lo que Moscú debe pagar a Kiev miles de millones de dólares cada año por su uso.

Sin embargo, en 2014, durante la invasión rusa de parte del país, el Kremlin suspendió el suministro de gas y solo la presión de la UE llevó a su restauración.

“El conflicto con Ucrania también ha llevado a Rusia a buscar alternativas y este gasoducto resulta fundamental, porque un proyecto así no tiene fronteras internacionales, por lo que no importa qué pase en Ucrania, el flujo de gas continuará”, señala Beach.

“Esto, lógicamente, en tanto Moscú quiera que ese flujo siga. Una interrupción deliberada o no podría crear una situación bastante complicada para Alemania”, señala.

Rusia, por su parte, alega que tras las denuncias del gobierno de Kiev solo se ocultan los propios intereses económicos de ese país y que el gasoducto solo busca reducir los costes de la exportación de gas, que caerían en un 20%, según cifras del Kremlin.

Pero para Moscú, tras las críticas de Estados Unidos también se ocultan intereses económicos: intentar controlar ese mercado.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Moscú asegura que los que se oponen al gasoducto responden a intereses económicos.

“Es cierto que Estados Unidos es un gran exportador de gas natural y está construyendo infraestructuras para hacer ese gas más competitivo a nivel internacional. Pero en este caso estamos hablando de un riesgo real de que Alemania pierda su independencia en el campo energético”, asegura el profesor de la Universidad de Texas.

“Berlín está renunciando a producir energía nuclear para una mayor independencia energética, pero con esto se está atando aún más a un único proveedor”, señala.

De acuerdo con el especialista, otros países de la UE han practicado recientemente otras estrategias para evitar una mayor dependencia del gas ruso.

“Lituania, por ejemplo, abrió recientemente una terminal para la importación de gas licuado natural, que buscar comprarlo en un mercado más abierto, más independiente de Rusia. Si pequeños países como este han abierto estas terminales que les ofrecen una mayor independencia, es curioso que Alemania no sea capaz de seguir ese ejemplo”, señala.

En opinión del experto, aunque aún se desconoce si la segunda fase del Nord Stream llegará su fin, sus primeros efectos ya comienzan a sentirse: han creado una nueva brecha entre Alemania, Estados Unidos y la Unión Europea, algo que considera muy funcional para los intereses de Rusia.

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